Dos años de reinvención

Dos años de reinvención
Aquel 28 de mayo de 2012 todo empezó... Haz click y descubre las entradas especiales por el segundo aniversario del blog.

viernes, 15 de mayo de 2015

Literatura, un arte conflictivo (II): Conflictos modernos


CONFLICTOS MODERNOS

HOMBRE VS. SOCIEDAD

EUGENIA: Esas lecciones, a las que mi corazón ayuda, me halagan demasiado para que mi espíritu las rechace.
SRA. DE SAINT-ANGE: Están en la naturaleza, Eugenia: basta para demostrarlo la aprobación que les das; apenas brotado de su seno, ¿cómo podría ser lo que sientes fruto de la corrupción?
EUGENIA: Pero si todos los errores que preconizáis están en la naturaleza, ¿por qué se oponen a ello las leyes?
DOLMANCÉ: Porque las leyes no están hechas para lo particular, sino para lo general, lo cual las pone en perpetua contradicción con el interés, dado que el interés personal está enfrentado siempre al interés general. Mas las leyes, buenas para la sociedad, son muy malas para el individuo que la compone; porque para una vez que lo protegen o le ofrecen garantías, lo molestan y lo atan las tres cuartas partes de su vida; por eso el hombre sabio y lleno de desprecio hacia ellas las tolera, como hace con las serpientes y las víboras que, aunque hieren o envenenan, sirven sin embargo a veces en medicina; se protegerá de las leyes como lo hará de estas bestias venenosas; se pondrá a cubierto mediante precauciones, mediante misterios, cosas fáciles para la sabiduría y la prudencia. ¡Ojalá la fantasía de algunos crímenes inflame vuestra alma, Eugenia! ¡Pero estad bien segura de cometerlos sin temor, con vuestra amiga y conmigo!
EUGENIA: ¡Ay, esa fantasía está ya en mi corazón!
SRA. DE SAINT-ANGE: ¿Qué capricho te habita, Eugenia? Dínoslo en confianza.
EUGENIA, extraviada: Quisiera una víctima.
SRA. DE SAINT-ANGE: ¿Y de qué sexo la deseas?
EUGENIA: ¡Del mío!
DOLMANCÉ: Y bien, señora, ¿estáis contenta con vuestra alumna? Sus progresos, ¿son suficientemente rápidos? 

Marqués de Sade, La filosofía en el tocador



HOMBRE VS. ÉL MISMO

Entonces, se lo ruego, cuénteme lo que sucedió una noche en los muelles del Sena y cómo logró no arriesgar nunca su vida. Pronuncie usted mismo las palabras que desde hace años no han dejado de resonar en mis noches, y que al fin yo diré por boca suya: ‘¡Oh muchacha! ¡Arrójate otra vez al agua para que yo disponga de una segunda oportunidad de salvarnos a ambos! ¡Una segunda oportunidad, ¿eh? ¡Qué imprudencia! Suponga, querido colega, que le tomo la palabra. Habría que pasar a los hechos. ¡Brrr…! ¡Qué fría debe estar el agua! Pero tranquilicémonos. Es demasiado tarde, siempre será demasiado tarde. ¡Afortunadamente!

Camus, A., La caída



HOMBRE VS. NO-DIOS

Digamos que te alejas definitivamente
hacia el pozo de olvido que prefieres,
pero la mejor parte de tu espacio,
en realidad la única constante de tu espacio,

quedará para siempre en mí, doliente,
persuadida, frustrada, silenciosa,
quedará en mí tu corazón inerte y sustancial,
tu corazón de una promesa única
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.
Después de ese dolor redondo y eficaz,
pacientemente agrio, de invencible ternura,
ya no importa que use tu insoportable ausencia
ni que me atreva a preguntar si cabes
como siempre en una palabra.
Lo cierto es que ahora ya no estás en mi noche
desgarradoramente idéntica a las otras
que repetí buscándote, rodeándote.
Hay solamente un eco irremediable
de mi voz como niño, esa que no sabía.
Ahora que miedo inútil, qué vergüenza
no tener oración para morder,
no tener fe para clavar las uñas,
no tener nada más que la noche,
saber que Dios se muere, se resbala,
que Dios retrocede con los brazos cerrados,
con los labios cerrados, con la niebla,
como un campanario atrozmente en ruinas
que desandara siglos de ceniza.
Es tarde. Sin embargo yo daría
todos los juramentos y las lluvias,
las paredes con insultos y mimos,
las ventanas de invierno, el mar a veces,
por no tener tu corazón en mí,
tu corazón inevitable y doloroso
en mí que estoy enteramente solo
sobreviviéndote.

Benedetti, M., "Ausencia de Dios"

martes, 12 de mayo de 2015

Una salida sin callejón


El viandante se refugió entre mantas, copas de vino, sentado siempre frente al fuego. Ante la ventisca, dejó de transitar las callejas y plazoletas de su ciudad. Esperó a que amainara, pero todavía sigue encerrado. Encerrado a cal y canto, infierno sartriano: no desea ver a los demás. No necesita mundo cruel ni otros individuos que lo completen. Solo, está mejor solo.

Mira por el ventanal de su salón. El esperado cambio, la transición hacia un mundo mejor, parece haberse quedado en un mero destello. El viento continúa empujando a los valientes que caminan a contracorriente. "Valentía para los ilusos", piensa, mecido por el calor de la hoguera. Mira a través del cristal de nuevo y descubre lo mismo que dejó hace tiempo: el recuerdo sigue relegado al olvido, el tiempo avanza a una velocidad vertiginosa, el espíritu democrático que propugnaba Spinoza sigue sin inundar nuestras vidas. Occidente sobrevive en decadencia, las eternas cuestiones del hombre todavía nos atormentan, el sistema educativo acumula más fracasos.

"¿Y para qué salir? ¿Y por qué no abortar una misión suicida, abocada al fracaso?", se pregunta el hombre. "¿De qué nos sirve renunciar a nuestros sueños?", le desafía hoy mi yo. Hasta ahora tan solo me he dedicado a capturar los males que salieron de la caja de Pandora, a retratarlos y a condenarlos. Debilitado, abandoné una labor sepultadora.

Allá fuera la ventisca prosigue y arrastra todos los primigenios males de la humanidad -si tal simplicidad fuera posible-. Sin embargo, seguimos siendo dueños de la caja y, tal y como narra el mito griego, en su fondo nos queda la esperanza. Tenemos la fuerza, la voz, la colectividad que hace falta para dar con una solución favorable. El mundo nos presenta un callejón sin salida. Adentrémonos, pues, por las anchas sendas del renacimiento del ser humano. Propongamos una alternativa, una salida amplia, y olvidémonos del angosto callejón.

lunes, 5 de enero de 2015

Literatura, un arte conflictivo (I): Conflictos clásicos


CONFLICTOS CLÁSICOS

HOMBRE VS. NATURALEZA

       Las aguas que le rodeaban se iban hinchando en amplios círculos; luego se levantaron raudas, como si se deslizaran de una montaña de hielo sumergida que emergiera rápidamente a la superficie. Se intuía un rumor sordo, un zumbido subterráneo...Todos contuvieron el aliento al surgir oblicuamente de las aguas una mole enorme, que llevaba encima cabos enmarañados, arpones y lanzas. Se elevó un instante en la atmósfera irisada, como envuelta en una grasa de finísima textura, y volvió a sumergirse en el océano. Las aguas, lanzadas a treinta pies de altura, fulgieron como enjambres de surtidores, para caer luego en una vorágine que circuía el cuerpo marmóreo de la ballena.

Herman Melville, Moby Dick


HOMBRE VS. HOMBRE

     - Compañero Roldán, ¡tañed el olifante! Lo oirá Carlos y hará que regrese la hueste; el rey y sus barones nos socorrerán.
     Respondió Roldán:
     - No quiera Dios que por mi causa sean afrentados mis parientes, ni que la dulce Francia caiga en la vileza. Por el contrario daré muchos golpes con Durandarte, mi buena espada que llevo ceñida al costado; veréis la hoja completamente ensangrentada. Para su desgracia se reunieron los traidores paganos; os juro que morirán.
     - Compañero Roldán, ¡tañed vuestro olifante! Lo oirá Carlos que está atravesando los puertos; os aseguro que los francos regresarán.
     - ¡No quiera Dios que jamás nadie pueda decir que por los paganos hice sonar el cuerno! — le responde Roldán —; mis parientes no serán reprochados por ello. Cuando esté en la gran batalla asestaré mil setecientos golpes y veréis el acero ensangrentado de Durandarte. Los franceses son buenos guerreros y lucharán con valor, y los de España no tendrán quién los salve de la muerte.

Cantar de Roldán (Francia)



HOMBRE VS. DIOS

Pero Dios el Señor llamó al hombre y le preguntó:
–¿Dónde estás?
El hombre contestó:
–Oí que andabas por el jardín, y tuve miedo porque estoy desnudo. Por eso me escondí.
Entonces Dios le preguntó:
–¿Y quién te ha dicho que estás desnudo? ¿Acaso has comido del fruto del árbol del que te dije que no comieras?
El hombre contestó:
–La mujer que me diste por compañera me dio de ese fruto, y yo lo comí.
Entonces Dios el Señor preguntó a la mujer:
–¿Por qué lo hiciste?
Ella respondió:
–La serpiente me engañó y por eso comí del fruto.
Entonces Dios el Señor dijo a la serpiente:
–Por esto que has hecho, maldita serás entre todos los demás animales. De hoy en adelante andarás arrastrándote, y comerás tierra. Haré que tú y la mujer seáis enemigas, lo mismo que tu descendencia y su descendencia. Su descendencia te aplastará la cabeza, y tú le morderás el talón.
A la mujer le dijo:
–Aumentaré tus dolores cuando tengas hijos, y con dolor los darás a luz. Pero tu deseo te llevará a tu marido, y él tendrá autoridad sobre ti.
Al hombre le dijo:
–Como hiciste caso a tu mujer y comiste del fruto del árbol del que te dije que no comieras, ahora la tierra va a estar bajo maldición por tu culpa; con duro trabajo le harás producir tu alimento durante toda tu vida. La tierra te dará espinos y cardos, y tendrás que comer plantas silvestres. Te ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste formado, pues tierra eres y en tierra te convertirás.

Génesis, La Biblia

lunes, 29 de diciembre de 2014

2014: el paradigma de las 12 experiencias

12
Una noche de desenfreno acaba sumida en un sangriento amanecer. Sangriento y doloroso, era convite de una cuenta atrás, esclavo de un tic tac de velocidad alarmante. No sería, sin embargo, una predicción maya catastrófica -eso quedó atrás hace dos años-, pero sí se presentaba ante mí un año de cambios, de abundantes signos de puntuación. Interrogación, punto y seguido, punto y aparte, exclamación. Orgulloso, a día de hoy puedo afirmar que nada ha significado un punto y final.

11
El amor no se cuantifica en medidas temporales, ni siquiera en parámetros de intensidad. Un te quiero mucho no pesa más que un te quiero a secas, ni un y yo más tiene herramientas adicionales para combatir. Únicamente hay sensaciones, sinceras y compartidas. Me alegré, pues, no solo de que un primero de febrero el Sol despertara y yo estuviera a tu lado, sino de la evolución de un sentimiento en activo. Evolución -matizo- no en términos matemáticos, sino humanos. Porque el amor, ese cúmulo de experiencias tanto intensas como pasivas que jamás podrán ser reducidas a una sola, es claro fruto -cada día estoy más convencido- de nuestra humanidad. El amor y también el arte, que, aplicado a nuestro caso, vienen a desembocar al mismo mar.

10
El materialismo desapareció al verme rodeados de todos ellos. No importan los regalos, ni el dinero, ni la cena, ni la otra noche de desenfreno que vendría después. Al calor de la hoguera de sus almas, el frío y el mecanicismo del mundo daba igual. Y no quedan fotos que justifiquen lo que sentí, ni cifras -ni siquiera los propios 18- que contabilicen el amor que sentí hacia ellos. Amor, por fortuna volvemos a encontrarnos. Amanecer sangriento, contigo, desgraciadamente, también me he topado. Sensaciones de naturaleza idéntica, experimentadas de distinto modo. ¡Qué cíclico transitar!

9
Signos de interrogación. En este pasaje turbio numerosas son las cuestiones planteadas. ¿Por qué? ¿Y por qué en este preciso instante? ¿Qué? ¿Qué ha cambiado en mí? ¿Quién? ¿Quién me llevó al desastre del replanteamiento? O más bien, ¿quién soy? ¿Y qué espero de mí? Presión externa, que más bien viene de dentro; fuerza ejercida por la cruenta batalla entre el deber y el querer, entre la mente y el corazón. ¡No quiero decidir! ¡Qué condena la de ser libre! ¡Ay, Sartre, tenías razón! Tan solo quise dejarme llevar por el caudal del río.

8
Me acordé, entonces, de una de las películas de dibujos animados que más me gustaban de pequeño. "Ohana significa familia" era una de las citas más célebres de aquella obra de ficción, que, a mi temprana edad, era incapaz de comprender. Años más tarde, justamente ese día, comprendí lo que significaba ohana. Ohana era un tesoro valioso, ohana significa querer, ohana conformó un apoyo. Ohana se presentaba ante mí como un regalo. A pesar de las adversidades, de las indecisiones, del olvido y del desgastamiento, supe que ohana siempre tendría un hueco en mi diccionario personal. Y di gracias por, al fin, haberlo comprendido.

7
El mundo que crece alrededor y camina a tu lado día a día pasa, en ocasiones, desapercibido. Era en aquel momento yo, y no solo académicamente, gracias a ellos. Y lo sigo siendo. Nunca sabré colmarlos de suficientes agradecimientos. Los conocimientos son minucias al lado de la inteligencia emocional que, sin darme prácticamente cuenta, me incitasteis a desarrollar. Se crearon lazos indestructibles y cimientos que ninguna bola de demolición podrá nunca derribar. Gracias, pues, al Instituto Herminio Almendros, ese ente formado por todos aquellos que me apoyasteis en todo momento y me invitasteis a saltar. No era un precipicio tan profundo, al fin y al cabo. Y aún lo fue menos cuando os ofrecisteis a saltar conmigo.

6
El tren llegaba a las últimas paradas. Sonaba la sirena. No sé si estaba preparado. A pesar de ello, bajé, dispuesto a emprender otro trayecto, aunque siempre con billete de vuelta. Siempre en mi bolsillo, siempre.

5
Increíble. No admite otro calificativo. Los esfuerzos, la pasión y la entrega veían la luz. También se asomaban los miedos. ¿Soy merecedor de ser uno de los cincuenta afortunados? ¿Qué habían visto en mí? Seguro que el resto de talentos me cegarían. Pequeña estrella parecía ser yo, nada más que un rincón apartado de la Vieja Europa que en aquel viaje iba a descubrir.

4
No fue un viaje. No fue tan solo un viaje. Dejamos al Coliseo atrás, a la Torre Eiffel apagada, al Big Ben dar la hora sin prestarle la más mínima atención. Adoramos, por el contrario, lo que el ser humano escondía, admiramos el conocimiento compartido, dimos -o al menos eso pareció- un soplo de aire fresco a nuestro alrededor. Era el inicio de la enredadera en la que se iba a convertir mi vida. "Complícate la vida", alguien gritó. Ojalá siempre esté presente en mí esta agradable y reconfortante complicación.

3
Como buena revolución, aquella experiencia trastocó todas las evidencias de mi vida. Los axiomas dejaron de serlo y, al tambalearse parte de la estructura, el edificio que soy yo también se reconstruyó. Parecía que atrás iba a quedar una sucesión de historias y de protagonistas, pero finalmente un proyecto conjunto se abrió camino. Y sucedió. Tan solo sucedió.

2
Amaneció tal y como aquel 1 de enero de 2014 predije. Sorprendentemente no sangró. Nada más decía hasta pronto a la ciudad que me vio nacer, a mi familia, a mi pareja, a mis amigos. A mí, en cambio, me saludé. No iba ni siquiera a despedirme temporalmente de lo que había sido, sino que todavía me abracé más. La Alhambra se alzaba en el horizonte, mi pasión por las letras se iba a vivificar y gente sorprendente se iba a cruzar en mi camino. No podía estar más feliz con mi pasado, mi presente y lo que a partir de entonces iba a suceder.

1
Amaneció -repito- tal y como aquel 1 de enero de 2014 predije. Pero, evidentemente, no sangró. Confío en mí mismo y en todas las personas a las que quiero con locura y que no me han dejado de lado. El ahora es mi momento. Intentemos, pues, aprovechar el mediodía.

...

POR UN 2015 DE CRECIMIENTO, DE SONRISAS Y SORPRESAS Y DE CAMBIOS.
POR UN 2015 A VUESTRO LADO



sábado, 13 de diciembre de 2014

Diario de un universitario (II): (Triste) Pensamiento colectivo sobre la educación

Sí, estoy harto de oír que el sistema educativo español es una basura, de que me recuerden que cualquier finlandés me supera en inteligencia y de que me repitan sin cesar que estoy a la cola en educación entre una larga lista de países según un estudio muy fiable y objetivo. Ya sé que soy un ceporro, que no valgo para nada y que mi futuro es completamente negro. Vamos, si yo tuviera que elegir entre un español y un no-español para un cargo público, elegiría sin dudarlo al primero. Ni de lejos el de mi país va a estar tan preparado ni va a ser tan eficiente ni tan listo como el extranjero.

De hecho, no sé para qué estudio. ¿Qué más dará mis esfuerzos si el sistema no funciona? Muchos conocimientos inútiles, poca aplicación en la vida real. ¿Cómo voy a encontrar empleo? Señores, que no sé cómo funciona la vida, que yo solo te sé decir un listado de obras de Lope de Vega y recitarte la tabla periódica de principio a fin. Pero no me pida nada más, oiga, que de ahí no paso, que mi educación no me ha dado la oportunidad de saber más. La culpa es del Gobierno, del sistema educativo y de España; yo me desentiendo. Hasta donde yo sé (poco, vamos) no es mi fallo, no tengo nada que ver en este embrollo.

Además, queridos amigos, esto no es cosa de dos días. A España poco le ha interesado la formación de los ciudadanos. En nuestro país nunca ha habido nadie importante. Bueno, Cervantes, pero ese era un fiera. Y Picasso también, pero lo del Guernica fue gracias a que había entonces una guerra, que si no nada de nada. Científicos, ¡ni uno que destaque! Vale, está Ramón y Cajal, pero pocos más. Lo que iba diciendo: que en nuestro país no ha habido nunca nadie relevante, ni yo tampoco lo seré porque de educación no se han preocupado los altos cargos. Si no están pendientes ellos, ¿lo voy a estar yo? Obviamente no. Ese tema no me concierne.

La estructura educativa es mi límite. No me pidas que yo busque una manera de explotar mi talento. Mi responsabilidad es solo beber de lo que la educación me da. Yo no tengo por qué ir buscando o actuando. ¡Faltaría más! Que mis conocimientos y habilidades vengan a mí a través del ministro de turno, paso de complicarme la vida. Yo he venido aquí solo para quejarme de que mi sistema educativo no me ofrece nada y que yo no puedo crecer si no es gracias a él.

¿Leer? Lo que me manden: si no conozco el Quijote culpa mía no es. ¿Hablar en un idioma extranjero? ¡Si en inglés nos dan mucha gramática y poca expresión oral! No hay manera de que los españoles nos comuniquemos en inglés ¿Adoptar un espíritu crítico? Ni mi sistema educativo me lo ofrece ni tampoco lo necesito. U-TI-LI-DAD: más saberes prácticos y menos abstracciones filosóficas. La reflexión no me va a dar de comer.

Lo que decía: una bazofia de país. Aquí no hay nadie, ningún talento universitario, que valga la pena. Ni dos perras gordas daría por gente con una formación tan deficiente como la nuestra. Me da igual que se hayan buscado las mañas para explotar su valor. Lo que queda fuera del sistema educativo no cuenta. Es tan solo pura anécdota.

Fdo. Una colectividad que no cree en los jóvenes que no se autolimitan y que buscan complicarse, a pesar de las adversidades, aún más la vida.


La muerte de Sócrates, Jacques-Louis David

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Diario de un universitario (I): Manual para dejar de ser universitarios

<< Decía Canetti: "Era un monte y estalló. Era un árbol y cayó a tierra. Era un león y se acobardó". Perversiones del monte que pierde su firmeza, del árbol que abandona el mandato de sus raíces, del león que traiciona el orden de la jungla. Podríamos añadir nosotros: "Era un universitario y le bastó su rincón".
Perversiones de quien no se atreve a pensar en nombre del mundo. Encerrado en su pequeña porción de saber, de responsabilidad, de duda. Ensimismado en la falsa certeza de una herramienta sin alma, de un territorio cercado, de un tiempo enclaustrado. En un rincón, atento a sí mismo, vestido de su imitada destreza, ajeno al universo. Eran un monte, un árbol, un león que dejaron de serlo. ¿Vamos a dejar de ser universitarios?
La lógica mercantil es torpe como una veleta fija y no conoce más camino que el del mercado. Por eso pugna por transformarlo todo en mercancía, incluidas las personas y sus ideas, el tiempo y las risas, los trabajos y los días. Para hacerse hegemónica, esa lógica hubo de desterrar de las inteligencias un viejo sentido común (pensar que no debe existir nada que no esté al servicio de la dignidad de cada ser humano).
Luego construyó otro en donde todo tuviera una tasa ante los mercaderes. Machado avisó con tiempo: "todo necio confunde valor y precio". Pero los voceros de la especialización ganaron la batalla y pasaron.
Después gritaron, como si fuera evidente, su nuevo himno: ¡zapatero a tus zapatos! Alguien hizo ademán de hablarles de la virtud pública en donde todos nos hermanamos, de la voluntad general, donde hacen falta todos pensando en el todo, del compromiso cívico y el coraje ciudadano, que son el cemento de la sociedad y la clave de su progreso; pero Platón no cotizaba en el Ibex, Rousseau se había retirado, cansado de lidiar con necios poderosos, a alfabetizar inmigrantes, y trece millones de españoles pretendían mirarse a sí mismos en el espejo de una casa donde estar vigilado ya ni siquiera indignaba a nadie. Los voceros de la especialización pasaron, y a partir de entonces medimos nuestra cualificación por lo que se demanda de nosotros en un sitio que pasó a llamarse mercado de trabajo.
¿Aprender a pensar? ¿Aprender a sentir? ¿Aprender a preguntar? ¿Aprender a buscar? ¿Aprender a ser ciudadanos? "La universidad -dicen sin sonrojo-, debe cualificar para vender más cara la fuerza de trabajo. Nada debe distraemos de esta tarea". ¿Han copiado ya en sus apuntes lo último que he dicho? Manual para dejar de ser universitarios.
El nazismo eliminó en primer lugar a los judíos que no tenían destrezas concretas, saberes instrumentales. A aquél régimen no les servía lo que no tenía precio. Es curioso que aquellas personas que primero fueron rechazadas eran las que gozaban del máximo prestigio en sus comunidades. Eran las que sabían que, como seres humanos, somos universales. ¿Ya lo hemos olvidado? ¿Ya no somos universitarios?
Actualicemos a Isidoro de Sevilla: "vive como si fueras a morir mañana; estudia como si fueras a vivir eternamente; busca al mundo como si llevases una eternidad solo contigo".
Era un monte y siguió mandando al horizonte. Era un árbol que cobijaba el vientre de las nubes en su copa. Era un león que rugía su fuerza al elefante. Era un universitario que reclamaba para el compromiso el lugar universal del conocimiento. >>
Juan Carlos Monedero

lunes, 1 de diciembre de 2014

Arte: un desafío a la inmortalidad



“En tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”.


¿Por qué seremos tierra, humo, polvo, sombra, nada? ¿La indeseable muerte es nuestro fin? ¿No hay más? Si se marchitará, ¿para qué plantar, entonces, nuestro fruto? ¿Para qué vivir? ¡Ay, nada será de mí tras este efímero transitar!

Desolación y muerte: estos dos eternos vocablos palpitan tras los versos barrocos de Góngora. No existen para él, amo de la poesía decadente, esperanza ni ambrosía. Tal vez la culpa fue mía por pensar siquiera que podría llegar a ser el Dios inmortal. Quizás fui demasiado iluso al creer que esta modesta reflexión –mi yo, al fin y al cabo– podría en el tiempo perdurar.


“Tiempo devorador, desafila las garras del león”


¿Tú también, Shakespeare, hijo mío? ¡Por favor, no me recuerdes que los días me arrastrarán consigo al igual que a ti te llevaron! Al menos tú tuviste la oportunidad de permanecer en cada uno de tus soliloquios, de tus personajes, de tus sonetos. ¿Qué digo? ¡Si tú eres quien creó el teatro que es la vida! Es posible que tuvieras toda la razón y no seamos nada más que simples personajes, diminutos y retorcidos, en un escenario gigante. Por suerte, unos cuantos afortunados, los verdaderos hacedores del mundo, permanecen siempre en escena.

Artista, ojalá fuera artista. La creación humana, como ven, es lo único que perdura. Ni bombardeos, ni censura, ni milenios podrán hacer desaparecer los romances lorquianos de las calles de la asombrosa Granada. Tampoco acallará el paso del tiempo el Claro de luna de Beethoven, que ante nuestros sentidos todas las noches se dibuja. Ni siquiera el Guernica dejará de denunciar las masacres de la injusta guerra.

Pienso durante un instante en el Museo del Prado. Ante mí se perfila un Goya. No se me viene a la mente ni el rostro del pintor ni su biografía. Al fin y al cabo no se tratan más que de datos anecdóticos, sin importancia alguna. Lo que sí nace ante mí es la Belleza. Se materializa –benditos sean mis ojos– el alma del artista en forma de hombre inocente, enfrentado a una retahíla de soldados armados sin rostro y en torno a una multitud aterrada. Ese es el verdadero Goya, eso es el puro arte: esa es la auténtica inmortalidad.

¿No es, acaso, el arte solamente un desafío? Aquellos escritores, si dejaran de ser el polvo que auguraron que serían, se sorprenderían de que, a pesar de sus pésimos presagios, han logrado vencer a la muerte. La han vencido no con sangre, sino con versos, método, en ocasiones, mucho más eficaz e hiriente. Porque el arte –repito– no es nada más que un reto, una provocación para el más allá y una ruptura de las estrictas condiciones del mundo sensible. Y es que, a pesar de que ellos, artistas, se vieron obligados a bajar al Tártaro, las Moiras jamás pudieron cortar del todo su hilo.