Dos años de reinvención

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sábado, 31 de mayo de 2014

Homenaje a la mujer guerrera

A continuación os presento el relato corto que presenté al I Certamen Literario "8 de marzo", organizado por Juventudes Socialistas de Almansa, y que resultó ganador. Espero que lo disfrutéis tanto como yo he disfrutado escribiéndolo. La lucha por la igualdad todavía no está acabada.


***

La bandera tricolor ondeaba desde el balcón. El tenue sol de las nueve de la mañana penetraba en la oscura habitación, alumbrando el libro favorito de mamá, que reposaba sobre el sillón y en el que se podía leer inscrito en letras doradas el nombre de Virginia Woolf.

-            ¡Venga, pequeña! ¿Te apetece que vayamos a votar? –me animó mi madre, mientras se enfundaba su viejo chaquetón.
-            No sé para qué llevas a la niña a eso. Bueno, tampoco entiendo que tú vayas a votar. Las decisiones importantes y la política son asuntos de hombres. Además, la cocina está hecha una porquería… ¿Qué clase de ama de casa eres? –refunfuñó mi abuela.
-            ¿Ama de casa? Antes de nada soy mujer. –dio la espalda a su anciana progenitora y se dirigió hacia mí- No le hagas caso. Ponte el abrigo y vámonos.

Nada más salir del caserío me sorprendí de la euforia que se desataba en la calle. Decenas de ciudadanos al grito de “¡larga vida a la República!” se dirigían a las urnas. Los lúcidos rayos de sol otorgaban un tono más vivaz a los colores rojo, amarillo y morado que componían sus insignias.

-            ¡Menuda cola! Deberíamos haber salido antes. Nos tocará esperar, cariño –se lamentó mi madre sin perder la sonrisa.

Aquel era un pueblo pequeño y, sin embargo, parecía que todos los habitantes se habían congregado allí a ejercer su inalienable derecho a elegir. La mayoría eran hombres, aunque entre la multitud también se podían identificar unas pocas mujeres.

-            Mamá, ¿por qué casi todos son chicos? –pregunté, inocente.
-            Porque por mucho que las leyes hayan cambiado, la mentalidad de la sociedad sigue siendo la misma. –se dio cuenta de lo incomprensible que resultaban para mí esas palabras- A ver, cielo, ¿cómo puedo explicártelo? Digamos que hoy en día no hay muchas mujeres valientes. Piensa que esto es nuevo para todas nosotras.
-            ¿Eres valiente como una guerrera? –dije con un brillo en los ojos- ¿Nuevo por qué?
-            ¡Por supuesto que soy una guerrera decidida y valerosa! –añadió mi madre riéndose- Estas son las primeras elecciones de España en las que pueden votar las mujeres.
-            ¿Antes no podíais? –pregunté, curiosa.

Negó con la cabeza y me hizo una señal para que aguardara un instante, pues estábamos ya frente a la mesa electoral. Observé aquella escena con atención. El hombre responsable de la urna le exigió su identificación y, acto seguido, mi madre pudo introducir la papeleta por la rendija de aquella caja rectangular. Le temblaban las manos y tardó unos segundos en depositarla. Una vez lo hubo conseguido, una lágrima brotó de sus ojos y recorrió su rostro completo.

-            ¿Por qué lloras? –pregunté, confundida por el llanto que se había desatado en mi madre- ¿Estás triste?
-            ¡Claro que no! ¡Soy muy feliz! –rio mientras se secaba los párpados con un pañuelo- Lo que pasa es que este es un día muy importante para mí. Para mí y para ti. En fin, para todas las mujeres. Aunque este solo sea un pequeño paso, significa el inicio de la revolución feminista. Ya no seré mujer, ni ellos serán hombres, porque nos convertiremos en seres igualitarios. Este es el comienzo de algo grande, un proceso que ya ha detonado y jamás cesara de expandirse.

Miré fijamente sus ojos desafiantes. En aquel momento estuve convencida de que su discurso utópico se haría realidad algún día. Al fin y al cabo, sus palabras escondían un atisbo de verdad. En lo que respecta al hecho de que aquellas elecciones marcaron un antes y un después en el devenir del género femenino, era completamente cierto, porque la semilla de aquella mujer revolucionaria con capacidad de decisión en asuntos públicos ya había sido plantada y, por tanto, aquel ideal seguiría creciendo irremediablemente. Por el contrario, en su convencida predicción de que la valía de las mujeres se extendería a partir de entonces de forma imparable, fracasó estrepitosamente. Un día, no muchos años después, frente a un pelotón de fusilamiento, anhelaría aquella esperanza de futuro que jamás se cumpliría tal y como ella había predicho.

A primera vista, los hombres intolerantes habían silenciado la voz de la mujer insumisa. No obstante, el eco de aquel grito de revolución quedaría suspendido en el aire. Al fin y al cabo, mi optimismo me impide aceptar que esta represiva y mísera posguerra durará eternamente. Sé que resurgirá más fiera que nunca la mujer guerrera, cuyo lema será el mismo que guió a mi madre, una señora de carácter férreo a la par que dulce, durante su efímera vida: no quiero ser mujer objeto, pero tampoco hombre sujeto, sino que solamente deseo ser humana. Hoy, como mi ejemplo a seguir, pediría a todas las mujeres que fuesen revolucionarias, decididas, incontrolables, extrovertidas, luchadoras, soñadoras e inconformistas. Mamá, en este mundo absurdo y sexista lo más fácil sería ser espectadora, mas yo, al igual que tú, prefiero ser protagonista.

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