Dos años de reinvención

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jueves, 28 de noviembre de 2013

Educar en igualdad (o la más desesperanzadora distopía)

A continuación, os presento un relato que recientemente he presentado a un concurso por el Día de la Violencia de Género y que, a pesar de no haber sido premiado, quiero publicar de manera más íntima en este blog. El tema versa acerca de "Educar en Igualdad", asunto que he tintado de matices negativos. Espero que lo disfrutéis.

***

Querido ayer,

        Todo por lo que has luchado, sin abatirte, ha visto la luz hoy. Somos por fin una sociedad igualitaria, sin diferencias de género. Da igual si tú, ayer, fuiste mujer u hombre, porque en la actualidad serías tratado de la misma manera. Esa incansable utopía que se ha perseguido durante siglos se ha materializado al fin. ¡Ay, qué gran desgracia! Te preguntarás cuál es la razón de mi lamento si nos hemos hecho con lo que la sociedad siempre había deseado. ¡Oh, ayer, respóndeme, no sé qué pensar! ¿Es esta realmente la realidad ideal que andábamos buscando o únicamente una degeneración de la misma? ¿Por qué me siento entonces en un vórtice, dando vuelcos sin rumbo? ¿Es acaso esta una distopía?

        Cuando paseo por mi barrio y veo edificios divididos y diferenciados por un tono rosa pálido y por otro azul cielo, no puedo evitar cuestionarme el término igualdad. Fue hace unos años cuando se decidió redireccionar tanto el cauce del grupo masculino como el del femenino por ríos distintos, bajo el fin obsesivo de conseguir la igualdad. El eslogan de las feministas se grabó en toda la población a fuego: “Sin los hombres no habría violencia de género. Sin los hombres no existiría la competencia desleal. Sin los hombres no seríamos, a vista social, inferiores”. De esta forma, aquella ideología caló en las mentes de una sociedad débil y ansiosa por construir un Estado justo, por lo que este grupo de mujeres que reclamaban sus derechos subió al poder.
       
Mas esto no ha ocurrido de la noche a la mañana, tú muy bien lo sabes, ayer. Ya hubo una ministra del Interior que pretendió distinguir géneros en el acto de habla. Ese “miembros y miembras” fue el primer paso para la independencia, en este caso lingüística, de ambos géneros.

        No obstante, esto ha ido a más, llegando al punto de que ningún varón necesita una mujer y viceversa. “¿Quiere ser madre? Inseminación artificial” es otro de los lemas del Partido por la Igualdad. Hasta la reproducción, como ves, relación fundamental entre los dos sexos, ha sido mermada. A día de hoy, incluso se prohíbe que hombres y mujeres mantengan relaciones sexuales por puro placer.

        Se ha creado, a raíz de esta disputa, dos mundos parecidos, pero a la vez completamente opuestos. Hay empresas de y para mujeres, y factorías de y para hombres. Sin duda, es incuestionable el hecho de que la deslealtad hacia las mujeres en el ámbito profesional ha sido erradicada, pero también, junto a él, toda la cooperación y relación amistosa intersexual.

        Te preguntarás cómo hemos logrado llegar a estas alturas en tan poco tiempo. Muy sencillo, querido amigo. La educación, pilar fundamental en una sociedad, fue reformada bajo el pretexto de criarnos y formarnos en igualdad. La segregación de niños y niñas fue la mayor hecatombe que se pudo cometer. Excusándose en las diferentes destrezas y cualidades que posee cada uno de los géneros, se comenzó a formar jóvenes que no veían ningún interés en lo opuesto, vislumbrado incluso como amenaza o enemigo en un pasado no tan lejano.

        Sin embargo, no hay queja ni oposición por parte de ningún estamento de la sociedad porque la educación la ha moldeado a su parecer y, además, por la ausencia evidente de rivalidades, competencia y desigualdad entre hombres y mujeres. Yo, por otro lado, pienso en las consecuencias futuras. ¿Acaso no florecerán diferencias en cada uno de los grupos? La raza, la religión, la ideología abrirán fisuras muy pronto tanto en el mundo masculino como el femenino. Entonces, ¿podremos hablar de igualdad? ¿Cómo solucionaremos esa gran disputa? ¿Desquebrajando y clasificando en nuevos grupos de afinidad?  ¿Reformando otra vez una educación cada día más desgastada? Me hallo tan confuso y temeroso por el mañana…

        No sé si las palabras que manan de mi boca y se plasman en este papel no son más que el fruto del pensamiento de un hereje o de un enfermo; de veras que no lo sé. Hemos conseguido lo que yo siempre he reivindicado, pero existe algo que no me deja disfrutar de esta idealizada felicidad. Te imploro, ayer, que no dejes que en la sociedad se abran frentes opuestos. Te suplicaría, en estos instantes, desesperado, que apostaras por una educación de calidad como garantía de futuro; que lucharas por la equidad en derechos y oportunidades, nunca aislando cada género en sí mismo. ¿Acaso –contéstame, por favor– la búsqueda de la diferencia con el fin de igualdad no es el inicio del principio de diferencia?

Atentamente,

Tu incierto mañana –o mi aterrador hoy–.

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